Parece ser que al final se salvaron de la quema orquestada por el cura y el barbero sólo dos libros:
Tirante el Blanco y
Amadís de Gaula. Aparte de poder ser una pregunta de trivial, nos sirve para introducir el presente articulillo que, espero, sea de su interés.
En un símil casero, propongámonos salvar palabras en vez de libros enteros. Palabras que, tanto por su desuso como significado encierran cierta belleza plástica en su grafía. (¡
Estropicio!) Al final del texto les invitaré a dejar en los comentarios aquellas palabras que ustedes crean oportunas.
Debe quedar claro que no se trata de recolectar arcaísmos, sino de ser conscientes de que
las lenguas son occamitas y cada vez estamos más cerca de
pitufar de mala manera (el tema se introdujo en otro idioma,
aquí).
Pese a que
aldaba (¡toc toc!) y
badajo (tolón tolón) eran las firmes candidatas a encabezar el texto, no he podido resistirme a la estética de
andarín, el mensajero a pie, quien nos trae en un
morral las grandiosas
bicoca,
barreno,
buhonero y
borla. Seguro que hasta los lectores que sufrieron la ESO saben qué quieren decir pero ¿cuándo fue la última vez que se usaron? Póngase deberes y procure no acabar el día sin haber hecho uso de al menos una de ellas.
Troglodita, tan en boga en la edad de oro de Bruguera, llegó a tener su propia reducción a
troglo, e incluso su versión de patio de colegio
troglopollas. Salvémosla. Guardémosla en un
hatillo y vayamos a visitar al
huraño diácono de la ermita de San Froilán. En la puerta, cederemos un
óbolo al
pordiosero del
sagrario. Sin embargo, hoy nos prohíbe besar o follar, ya que está celebrando un funeral por el
óbito de un
transhumante que
feneció al mezclar güisqui con
vitriolo, leyendo un panegírico ante un
orondo feligrés beodo que vio yaks, ñús y tántalos en sus viajes, tal como recogió en un
vademécum.
El
reo quemó la botella de Mistol y jugó con la consecuente
voluta el
poco rato previo a su camino al
cadalso. Lo de
reo merece una atención especial, ya que demuestra que a la hora de ser políticamente correcto lo habitual es añadir sílabas, como si de una muestra de
deferencia se tratase. De
reo pasamos a preso, recluso y presidiario. En un futuro quizá se hable de carcelelistas y de protosatrapistas, pero eso ya es especular.
Aquel lector atento habrá dádose cuenta de que estamos salpicando el texto con neologismos instantáneos.
Nota de última hora:
Remover quiere decir remover y extraer quiere decir extraer.
Balancear quiere decir balancear y equilibrar quiere decir equilibrar. Gracias.
No busquéis al
nimio en la
miríada de elementos de la tabla periódica, aunque quizá sí haya un
gnomon en el jardín, más o menos junto a la
plúmbea cariátide. No digáis que no tiene
guasa el pobre
ilota ataviado con
jirones camino del
mingitorio.
Y ya, sin molestarme en rebuscar frasezuelas, os invito a
defenestrar (los precios),
denostar (y denoser),
dirimir (de Gondor),
sisar (un cásico del Póker de Crucigramas),
sajar (por un peluco),
rehusar (que no reutilizar),
raer (conjugue en 1ª persona del singular, es bello),
irisar (es lexemático) e
inferir por doquier.
Para acabar, en batería y por orden alfabético, agárrense a la silla, diletante, escaleno, panoplia, preternatural, quintal, quinqué y zozobra. Son todas ellas palabras maravillosas que, de no usarse, se perderán como los cyborgs en las puertas de Taunhausen.
Listo. Ya sabéis lo que toca.