
Os dejo aquí, con todo el cariño, lo que no veréis mañana en el quiosco.
Definición: en mi pueblo, a hacer lo que a uno le venga en gana lo llaman así.
A lo largo del devenir de los tiempos, se han descubierto grandes ideas por casualidad. No está mal, siempre los hay con suerte, pero las más grandes ideas han sido fruto de la constancia, el tesón y el esmero, tres virtudes en franca recesión. Lo que es peor, perdemos tanto tiempo en busca de la gran idea que nos dé fama y fortuna que malversamos grandes ideas del día a día, que no dan ni fama ni fortuna pero sí un buen tazón de felicidad. De eso va la vida, de tomarse un gran tazón de felicidad para desayunar y otro para merendar. Si te vas a dormir muy tarde, pero has hecho los deberes, también te puedes tomar otro tazón antes de irte a dormir. Hasta puedes ir a Roma, si sabes qué camino tomar.
Cada año, miles de parejas viajan a Roma, enamorados y contentos porque la Ciudad Eterna, leída al revés, dice amor. Qué bonito. Creedme que a los habitantes de Akak (frontera de Gabón con Guinea Ecuatorial) no sólo no les hace ninguna gracia, sino que además añaden que si Roma fuera realmente la ciudad del amor, se llamaría Amor del derecho y no del revés, como sí ocurre en el condado de Love, Oklahoma.
El peor payaso del mundo quedó último en el concurso de peores payasos del mundo.
El peor payaso del mundo no hace reír a nadie, porque no tiene gracia ni lo que dice ni lo que hace.
El peor payaso del mundo está triste.
Ni lo que dice ni lo que hace tiene gracia porque no hace reír a nadie el peor payaso del mundo.
En el concurso de peores payasos del mundo quedó último el peor payaso del mundo.
En el fondo, lo de las cosas del derecho y del revés no es tan problemático como las paradojas. En especial esas sucias y feas paradojas que nos acosan, insultan y provocan día a día. Que si esto no porque si lo otro menos que si lo de más allá, tampoco y al final ná de ná, y paqué. Si nunca llueve a gusto de todos entonces ¿para qué rediantres llueve?
Llueve porque llueve.
Llueve porque el otoño no tiene memoria.
Llueve porque los alegres no tienen memoria.
Llueve porque los tristes no desean recordar.
Hay dos tipos de espirales: las centrífugas, propias de lavadoras y de temibles atracciones de feria sin piedad; y las centrípetas, que son las provocadas por paradojas. Es difícil no sentirse centripetado por tanta paradoja perra que te inmoviliza, somete y humilla. Nuestro alrededor, tan aparentemente dinámico, subversivo y campeón no es más que una fábrica de paradojas centripetistas. En fin, ya sabéis, que si sí porque sí y que si no porque no. También suena tan poco porque tampoco suena tan bien…
Pero ante todo, seriedad. Hay que ser serios. Sé serio. En serio, selo. Hay que ser muy serio.
El mal atrae. Puede ser de muchas formas. Hay quien le da por la parafernalia nazi, o la tauromaquia, las bandas callejeras, los piratas o las pelis de zombis. Todo el mundo tiene un mal que le llama y le tienta. Tú también, supongo.
Porque el mal atrae. No somos malvados, pero nos gusta vernos en un espejo de feria, disfrazarnos a oscuras y recrear algo que no dejaremos que ocurra. Se nos inculca en que el mal siempre pierde, pero nada nos impide compartir durante un ratito nuestro mal más íntimo con los más cercanos. Una conversación confidencial debe incluir como mínimo un intercambio de males privados, así como el respeto mutuo del mal ajeno.
Todo eso, porque no somos buenos. De hecho, no sabemos lo que somos, aunque tengamos la libertad de ser tan benévolos o malévolos como nos plazca.
Sería fabuloso poder decir que este blog trata de eso, pero yo no diría tanto. Este libro trata sobre cosas que no son ni buenas ni malas y gente que no es ni buena ni mala. Como tú, supongo. Como todos nosotros.
Existe un reino que tampoco es ni bueno ni malo ni está aquí ni allí ni va a ninguna parte. Son nuestros recuerdos, más los recuerdos ajenos, y las fantasías de unos y otros. Existe todo aquello que no hemos creado, que nunca hemos dicho y que raramente hemos soñado. Y quizá un trocito de todo eso quede plasmado en los hechos que han de acontecer.
Pongamos un ejemplo, así, a bote pronto. Me encantaría pelearme en pelotas, vestido sólo con unos guantes de boxeo azules. Primero me pelearía con mi novia, también desnuda pero con guantes rojos, pero luego también intercambiaría tortas con mi amigo, con todos mis amigos y con todo aquel que fuera desnudo y con guantes de boxeo. De hecho, cuando la excitación fuera máxima saldría a la calle a liarme a guantazos con quien se cruzase, y ese día todo el mundo iría desnudo y con guantes de boxeo. Como si fuera un dibujo animado, bamf!, punch! y plof!, sin hacer daño, sólo por oír onomatopeyas y repartir y recibir y jadear y sacar todo cuanto cada uno lleva dentro.
Y se acabó el ejemplo. En el mundo real las consecuencias serían un terremoto. El mundo real suele ser una mierda para según qué cosas. Pero yo tengo mis fantasías, que no son ni buenas ni malas, y mis ideas y pensamientos sobre un montón de cosas. Como tú. Como todo el mundo. Y hay quien no lo entiende y tanto me da. También me chiflaría subirme a un estrado y soltar un discurso sobre mis cosas y el debate del estado de la nación, por este orden. De pequeño quería ser astronauta. Tampoco creo que sea un bicho raro. O sí, un poquito, por qué no, mejor así.
Me gustaría contar cuentos. Y ya que no puedo hacer lo que me da la gana, me gustaría poder decir lo que me dé la gana. Ya está, hele ahí, aquí lo tenemos: bienvenidos a El Libro Albedrío.